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L’énergie d’un système vivant peut adopter trois positions : une position d’équi…

Le patriarcat admet différentes définitions. La plus simple concerne la transmis…
El sueño de La Bella es provocado. No es natural, es anormal, patológico. El agente que lo indujo es discreto, difícilmente discernible, particularmente tenaz y nefasto, del género virus. Se puede deducir de estos datos simbólicos, y particularmente de su similitud y de su conjunción, que la penuria de Yin tampoco es « normal », que no corresponde al destino normal del ser humano, que está entrabado por la intervención de un elemento nefasto, por una maldición. En términos informáticos se diría: por un virus. Se puede sacar de estas informaciones que, en estas condiciones, La Bella no se va a despertar de manera espontánea. Pero tampoco con medidas ordinarias, digamos, con buenas palabras o enervamiento, cólera o tristeza; esta manera de hacer es insuficiente. Tampoco son votos piadosos los que van a despertar el Yin de la sociedad. Se comprenderá que se deben considerar métodos y técnicas mucho más eficaces y mucho más profundos. Los veremos en el capítulo siguiente.
La pregunta que todo el mundo se hace en este estado de la argumentación es: « ¿De dónde viene esta maldición? ¿Quién pudo crear esta situación en la humanidad, y por consiguiente, en Colombia?» Es difícil responder a estas preguntas. Hay algunas pistas que se pueden explorar para responderlas. Pero en realidad, es totalmente secundario tener la solución a estos interrogantes. Esto no es lo que cuenta. Intentar responder a estas preguntas nos desvía de lo esencial. De todas maneras, para tener consciencia de las causas y las consecuencias de una situación o de un problema, es necesario primero salir de ella o él, es necesario haber dejado de ser la víctima. El hecho importante no es de dónde viene la maldición, sino simplemente que sea nada menos que una maldición la que origine el sueño de La Bella. Uno no despierta a una Bella que duerme un sueño provocado por maldición como se despertaría a una que durmiera un sueño natural. Las medidas a tomar son muy diferentes. Esto es lo que determina la especificidad y la exigencia del tratamiento de esta hemiplejía energética Yin que vamos a considerar en el siguiente capítulo. Esto también determina que, como hasta ahora no se habían establecido el diagnóstico ni la etiología de la enfermedad, todas las medidas tendientes a aportar el remedio para este país enfermo sólo podían ser inadecuadas e ineficaces.
Las pocas informaciones que tenemos sobre la etiología de la hemiplejía energética que sufre Colombia son de orden simbólico. Algunos, por esta razón, tendrán la tendencia a no querer tomarlas en consideración, a querer detener aquí la lectura de este texto, al pensar que nos perdimos en un tipo de delirio o de inconsistencia. Los comprendemos. Sin embargo, en la medida en que no disponemos de otras informaciones para explicar la génesis de esta penuria de Yin en nosotros y en nuestra sociedad (en este caso el pensamiento racional no sirve de ayuda), en la medida en que es totalmente normal, pero simplemente no es habitual, recurrir al pensamiento simbólico, en la medida en que el funcionamiento normal del pensamiento supone el equilibrio de los dos pensamientos y la naveta lógica/analógica[1], en la medida en que el futuro de nuestros hijos está en juego y, en fin, en la medida en que no efectuaremos nunca un cambio-metamorfosis si permanecemos en los mismos esquemas de siempre, esta manera de ver conserva toda su pertinencia y no puede, entonces, ser evacuada con un revés de mano y, por el contrario, se revela apta para servir de base a la concepción del tratamiento. « Si quieres ir a un sitio que no conoces, debes tomar un camino que no conoces » (San Juan de la Cruz).
[1] « La verdadera racionalidad no reprime la analogía, se nutre de ella y la controla. Puede haber desarreglos de la lanzadera analógica-lógica; el exceso analógico y la atrofia lógica conducen al delirio; pero la hipertrofia lógica y la atrofia analógica conducen a la esterilidad del pensamiento. » MORIN Edgar. La Méthode, T3: la connaissance de la connaissance. Paris, Points Seuil, 1986, p 143.
« De todas formas, y sobre todo hoy en día, la higiene de nuestros espíritus y de nuestras sociedades requiere, no solamente la legitimidad del uso de la metáfora en el lenguaje cotidiano, sino también el pleno reconocimiento de la esfera poética donde las analogías viven en libertad. A diferencia del sueño y del fantasma que se encierran en el universo imaginario, la lanzadera analógico-poética hace comunicar el universo real y el universo imaginario y los siembra mutuamente.» MORIN Edgar. La Méthode, T3: la connaissance de la connaissance. Op. Cit., p 141.
Hasta aquí hemos respetado las etapas del proceso médico. El problema está bien planteado: tenemos nuestro diagnóstico: hemiplejía energética Yin. También determinamos la etiología de la enfermedad: sabemos que se trata de un sueño artificial del Yin, por maldición. La siguiente etapa, también fundamental, es el tratamiento de esta enfermedad.
En un primer tiempo tendremos que definir las bases teóricas de este tratamiento. Después, a partir de estos elementos teóricos, abordaremos los datos prácticos de su aplicación.
Las bases teóricas del tratamiento giran alrededor de la pregunta:
¿Cómo se despierta a una Bella?
¿Cómo despertar el Yin de un sistema vivo? ¿Cómo reequilibrar la energía de un individuo, la energía de una colectividad, de una sociedad? ¿Cómo se despierta a La Bella? ¿De qué datos disponemos para responder a esta pregunta fundamental?
Si se admite la adecuación y la validez del pensamiento simbólico para la comprensión de las realidades sutiles y profundas como las que tienen que ver con la vida, con el funcionamiento y con la energía de los seres vivos, se considerará legítimo, después de haberlos utilizado para la determinación de la etiología, recurrir de nuevo a los símbolos para poner en evidencia el tratamiento. De todas formas, el pensamiento racional, al igual que en la etapa precedente, tampoco nos sirve. Estamos entonces plenamente autorizados para volver a, o permanecer en, este registro simbólico, analógico.
Además, de la manera como el problema está planteado, es decir esencialmente de forma simbólica (una Bella que duerme) no era difícil adivinar la continuación y ya hace tiempo que la respuesta llegó para la mayoría de los lectores, procedente del fondo común de conocimiento y sabiduría de la humanidad: es el Príncipe quien despierta a La Bella al darle un beso[1]. Todos sabemos que, en los cuentos, es el beso del Príncipe el que despierta a Blanca Nieves, que también es el que despierta a La Bella durmiente. Nos acordamos, en los mitos, la intervención de Orfeo para la salida de los infiernos de su prometida Euridice. También se sabe, por los textos sagrados, que Cristo vino a la Tierra, a este « infierno », para el despertar y la redención de la humanidad.
Es el beso de un Príncipe el que despierta a La Bella. Aquí está la solución. Aquí está la respuesta a esta pregunta fundamental. Aquí está la información de base. Ahora debemos, para explicar y comprender esta información, pasar del lenguaje simbólico al lenguaje racional. La etapa siguiente de este proceso lógico que seguiremos es la interpretación de estas dos informaciones. ¿Qué significa para nosotros el Príncipe? ¿Para nosotros como individuos, para nosotros como colectividad? ¿Y qué es, para nosotros, el beso del Príncipe?
[1] Según el cuento La Bella durmiente de los hermanos Grimm.
Las personas que se prestan a este esfuerzo de interpretación o de aclaración del concepto de Príncipe pasan por dos etapas: la primera se caracteriza por una perplejidad asociada a una real curiosidad, la segunda por una sensación de evidencia, de claridad.
El concepto de Príncipe está cargado de una connotación de grandeza, de riqueza, de dimensión superior que excita la curiosidad del investigador. Se quiere saber qué se esconde bajo esta metáfora. Pero el sentido no se revela inmediatamente. Se evocan conceptos como el amor o la belleza. Pero un Príncipe no es un concepto, es una instancia real y con la nobleza de la auténtica realeza, no es una abstracción. Se trata de un ser real. Se evoca al hombre, al cónyuge o al marido. Pero el Príncipe no es un hombre, es un Príncipe; ello expresa otra dimensión. Ante la dificultad de la pregunta y el fracaso frecuente de la búsqueda, con frecuencia sólo es cuando se le propone a los investigadores una posible solución a este interrogante que brota la evidencia. Esta posible solución es que el Príncipe es lo que se podría llamar « el Maestro Interior ».
Se entenderá por « Maestro Interior » nuestra propia Esencia, el Yo profundo, la Consciencia divina en nosotros, lo Sagrado en nosotros, Dios pero « ¡más que Dios! »: Dios en nosotros. El Maestro Interior es esta instancia divina que está en nosotros, más exactamente que es nosotros. Es esta voz, muy discreta, que nos guía desde el interior.
Tan discreta que, para muchos, su realidad está lejos de ser evidente. Discreta también porque es una voz que sólo habla cuando uno la escucha, si se presta atención, si uno se coloca en recepción (actitud Yin).
Cuando uno evoca esta solución, la reacción siempre es la evidencia. Está claro para todo el mundo que esta solución es la buena. Hay una resonancia profunda y un acuerdo inmediato. Y esto merece ser subrayado: no se hace ninguna objeción a esta propuesta, por el contrario.
Efectivamente, se sabe que el único capaz de romper un maleficio tan profundo, el único que puede despertar a La Bella es el Maestro Interior. Esta « explicación » podría ser la correcta cuando se considera que es acogida como tal por todas las personas a quienes se propone. Cada persona, en función de sus datos culturales o religiosos la entenderá de manera un poco diferente, o bajo una expresión diferente, pero está claro que, de todas formas, la noción de Maestro Interior resuena en cada uno.
Ahora viene la pregunta del beso. ¿Qué es el beso del Príncipe?
Las respuestas más frecuentes que se obtienen a esta pregunta son que el beso es el amor, el amor del Príncipe por su Princesa. Se podría aceptar esta idea pero, en realidad, sería mejor evitar interpretar este beso como si fuera el amor por la simple razón que el amor es un concepto, un concepto, por cierto, en general bastante lejano e idealizado, mientras que un beso no es un concepto. Es algo más concreto. Es un acto. Y, más exactamente, es un contacto: es el contacto entre, de una parte, el Maestro Interior y, de otra parte, la personalidad. Entre la Esencia divina y la persona. En esta personalidad, ya lo vimos, La Bella está dormida debido a un maleficio. Este contacto disuelve el maleficio, permite el despertar de La Bella y, por consiguiente, conduce al reequilibrio de las polaridades Yin / Yang de la persona o del sistema en cuestión y después, la desaparición de la Bestia por transformación (en Príncipe).
Es de anotar que para romper un maleficio tan grave como éste, se requiere la intervención de un Príncipe. Ya comprendimos que todo procedimiento que no sea real no será eficaz. No hay que hacerse ilusiones, para disolver un maleficio, está claro que se debe dirigir más arriba, al Príncipe, al Maestro.
Se comprenderá que el despertar de La Bella en un sistema vivo, en una persona o en una colectividad pasa por el recurso a la propia Esencia de esta persona o de esta colectividad, lo que se puede llamar el Maestro Interior, y por el establecimiento de un contacto real con él. Todo el arte del tratamiento de esta hemiplejía se basa en un contacto real, profundo y sostenido con esta instancia particular, el Maestro Interior, fuente central de fuerza y de luz.
El objetivo del tratamiento de la hemiplejía energética Yin que sufre Colombia es la normalización de su fuerza de Vida, de su Energía. Es la corrección de estos dos balances energéticos que están actualmente alterados y anormales: su balance cuantitativo y su balance cualitativo.
En lo que se refiere al primero, el objetivo es lograr la desaparición de la penuria de energía que mantiene el país en la desorganización y en el callejón sin salida, al mismo tiempo que en el hundimiento, en el estancamiento y en la imposibilidad de cambiar.
La corrección del balance cualitativo se dirige al retorno al equilibrio energético, al equilibrio de sus polaridades Yin y Yang, a la desaparición tanto de los excesos como de las insuficiencias. Esto significa para Colombia la posibilidad de disponer de nuevo de su fuerza Yin, por lo tanto de la reaparición de los atributos, de los valores y de los comportamientos de tipo femenino, al mismo tiempo que la normalización y la optimización de su fuerza Yang de tipo masculino por la desaparición de sus excesos. Es el retorno a su equilibrio energético el que le ofrecerá al país soluciones que, antes, en el desequilibrio, sólo podían parecer imposibles o, incluso, inimaginables.
El objetivo del tratamiento es permitir a este país un cambio 2, un cambio-metamorfosis, una salida « por encima » de sus dificultades, una auténtica « salida de la prisión », una real transformación en profundidad, radical (en sus raíces), una metamorfosis de la sociedad. Y no simplemente un desplazamiento de los problemas « dentro de la prisión », no solamente un tratamiento superficial.
También es iniciar un tratamiento etiológico, un tratamiento de las causas de la enfermedad y no solamente un tratamiento sintomático, un tratamiento de las manifestaciones de la enfermedad y de sus consecuencias.
Hacer desaparecer la hemiplejía energética de la cual sufre Colombia, es permitirle volver a un funcionamiento natural, en armonía y de conformidad con la Naturaleza exterior (los reinos de la Naturaleza) y con la Naturaleza interior del hombre.
Es obtener la creación de una red (Yin) fuerte, coherente, influyente, base de la consolidación de una Nación, con sus atributos, la solidaridad, le repartición, la coexistencia, la comunicación, la justicia y la paz.
Tratar y liberar el Yin de la Nación es permitir que emerjan la inteligencia, la fuerza y la creatividad colectivas, dentro del respeto de la libertad individual y de la iniciativa personal.
Despertar el Yin de la Nación también es devolverle al país una herramienta indispensable: el control ascendente. Control efectivo, no confiscable, ascendente, democrático, del pueblo sobre sus dirigentes legítimos (políticos, económicos, religiosos, expertos, etc.) y sobre los dirigentes ilegítimos (guerrillas, paramilitares, corruptos, delincuentes, tiranos de todo tipo), en equilibrio con el control descendente también legítimo, el control jerárquico.
Entre los objetivos del tratamiento también está el recentramiento de la colectividad, es decir, la posibilidad para ella de encontrar todas las riquezas que emanan de su centro, en términos de energías y de informaciones, en términos de fuerza y de luz.
El plano de este libro está calcado sobre el proceso médico. Seguimos las etapas clásicas, como debe ser. A lo largo de este texto, nos hemos referido a Colombia como un ser vivo, que tiene su comportamiento, su organización, sus hábitos y también puede estar enferma. Estamos ahora en la etapa del tratamiento. Puesto que Colombia no es un individuo sino un sistema vivo, la pregunta que se plantea es saber si el plano adoptado hasta el momento sigue siendo válido, si se puede tratar una colectividad como se trata un individuo.
Algunos dicen que si una sociedad está enferma, el tratamiento sólo puede ser político. R Salamanca dice: «…el tratamiento de una patología nacional no puede ser psiquiátrico, sino político. Según las palabras del Comisionado para la Paz, « es un problema de clínica del afuera, que debe ser tratado con métodos políticos pero con una prudencia de terapeuta. » [1]» ¿Qué es un tratamiento político de una patología nacional? Un tratamiento político significaría que el problema esté bien planteado por los políticos, es decir, que el diagnóstico de la enfermedad haya sido establecido no por psiquiatras, como dice Salamanca, sino por políticos que hayan determinado exactamente la etiología, que conozcan los métodos terapéuticos y que el país sea susceptible de sanar solamente con estas medidas políticas[2]. En realidad, una patología nacional implica a toda la Nación y la determinación de su diagnóstico, de su etiología y de su tratamiento no podría reposar sólo en los políticos. Hay responsabilidades, en el seno de una sociedad, que no se pueden delegar en nadie. Esta visión de las cosas conduciría a delegar la curación de una colectividad a personas que, con frecuencia, tienen otras preocupaciones en la cabeza y que, de todas formas, cometen los mismos errores de metodología que todo el mundo.
Es mejor hacerse a la idea de que una sociedad está compuesta por asociados y que en la medida en que un número suficiente de sus asociados se transforma, la sociedad se transforma. Cada asociado toma en sus manos la transformación de su sociedad al aceptar transformase a sí mismo. Para los puristas, se debe agregar que una sociedad, como todo sistema complejo, no está compuesta sólo por sus asociados, las partes. El todo es, al mismo tiempo, más que la suma de sus partes. Posee otra cosa: una organización, una unidad global, cualidades y propiedades nuevas emergentes[3]. Pero, en lo que a nosotros se refiere, no nos detendremos en estas consideraciones que nos serán de gran utilidad práctica.
Como una sociedad sólo está compuesta por asociados, no puede haber transformación colectiva, curación colectiva sin transformación y curación individuales de todos los miembros de la sociedad que quieran prestarse a ello. Y si un nombre suficiente de actores entra al juego, entonces sí, la transformación del conjunto es posible. No solamente es posible, sino más exactamente, es imposible que no se produzca. Y esto, muchas personas lo saben perfectamente.
Además, esta sociedad, para reorganizarse, debe recibir energías e informaciones, debe encontrar un dinamismo nuevo, una fuerza nueva, una luz nueva. Pero para que una energía se manifieste, para que una información sea útil, es necesario, en este mundo, en este planeta, en este país y en todas partes, que encuentren un receptor porque requieren un soporte. Así como un soporte sin energía y sin informaciones no tiene ninguna utilidad, una energía y una información sin soporte tampoco la tendrán.
No existen a priori otros receptores para esta fuerza y esta luz que los miembros mismos de esta sociedad. A ellos les corresponde naturalmente cumplir con este papel de receptores, de receptáculos, de soportes para estas energías y estas informaciones. Si no están dispuestos a hacerlo, es evidente que nada ni nadie lo harán en su lugar y la fuerza seguirá siendo virtual. Si los colombianos no están dispuestos a recibir energías e informaciones nuevas para la reorganización de su país, no deben esperar que los australianos u otros lo hagan por ellos. En el mismo orden de ideas, tampoco hay lugar para esperar que otros hayan comenzado a hacer el trabajo para comenzar uno mismo.
De otra parte, si el objetivo del tratamiento es el despertar de la energía Yin en la colectividad, esta energía Yin colectiva es la resultante de la alianza de todas las energías Yin individuales. Estas sólo renacerán con la unión de los seres humanos, si ellos se dedican a esta tarea. El proverbio: « La unión hace la fuerza » vale tanto para la fuerza Yin como para la fuerza Yang, con el matiz de que la característica principal de la fuerza Yin es la conjunción. La fuerza Yin hace la unión, la unión hace la fuerza Yin.
El hecho de que el sueño de La Bella sea debido a un “maleficio” permite pensar que el beso del Príncipe, el antídoto, deberá alcanzar un nivel de potencia suficiente para ser eficaz. Esta potencia sólo podrá ser alcanzada si cierto número de actores entran en juego y si despliegan una fuerza colectiva de una naturaleza, una calidad y una cantidad adecuadas y esto, todo el tiempo que sea necesario. El beso del Príncipe debe estar suficientemente apoyado y prolongado.
El resultado que debe ser obtenido es una transformación de Colombia, una transformación de sus comportamientos, un cambio en su organización, una reorganización, a través del despertar de una fuerza nueva para ella. Un adagio bien conocido de los místicos dice: « Todo justo que se libera favorece la liberación de mil justos ». La transformación de Colombia depende de la transformación de los colombianos que quieran hacer parte de la solución, que acepten ser responsables de su país; es de esperar que haya suficientes « justos » para cumplir con la tarea.
Se trata de transformar la relación de fuerzas entre fuerzas de desorganización y fuerzas de reorganización. Conviene debilitar las primeras que, por el momento, predominan y para esto existen técnicas. De la misma manera, es necesario reforzar las segundas, las fuerzas de reorganización. Para esto también existen métodos.
El tratamiento de la hemiplejía de la cual sufre esta colectividad, Colombia, es totalmente pensable. Supone actores, los colombianos. También supone métodos. Pero antes de considerar unos y otros, sería interesante eliminar una ambigüedad: el despertar del Yin no perjudica el Yang.
[1] SALAMANCA R. Rafael H. ¿Psiquiatra o político? El Espectador, Bogotá, semana del 12 a 18 de junio de 2005, p 6A. Título del artículo: “El Comisionado de Paz según sus colegas. “Nuestro país psicótico lo necesita”. “El Comisionado para la Paz es, en este momento y desde 2002, el psiquiatra Luis Carlos Restrepo.
[2] Puede parecer sorprendente que si los médicos hablan de patología nacional, dejen sólo a los políticos el cuidado de determinar el diagnóstico, la etiología y la terapéutica cuando estos procesos son el propio del método médico.
[3] MORIN Edgar. La méthode, T 1, La Nature de la Nature. Points Seuil, Paris, 1977, p 106.
« ¿Cómo llegar al corazón de los violentos? » Esta es una pregunta que se hace con frecuencia. Este interrogante supone que el problema de Colombia está del lado de los violentos y que la terapéutica se aplica a ellos. Todo lo que hemos visto hasta el momento nos demuestra que no es así. La intervención debe tener lugar sobre La Bella y no sobre la Bestia. Sin embargo, vimos que el despertar de la fuerza Yin conduce, por influencia, por infiltración, a la transformación del corazón de los violentos.
Y puesto que nos estamos refiriendo a los violentos, es conveniente precisar este punto fundamental: el despertar del Yin optimiza el Yang. El despertar del Yin no altera el Yang, por el contrario lo mejora, al liberarlo (liberarnos) de sus excesos.
Muchas personas, adeptas a « la manera fuerte », es decir al uso de la fuerza militar, de la fuerza Yang, de la eliminación del adversario (prisión o muerte) pueden tener una visión falsa de la política de despertar de La Bella. Pueden pensar que esta política implica la renuncia a la política de enfrentamiento y de eliminación que ya está en curso. Es completamente inexacto. Y para comprender bien este punto importante es conveniente aportar aquí algunas precisiones.
La política Yang, tal y como está puesta en marcha actualmente en Colombia, se caracteriza por cierta eficacia pero también por una brutalidad notoria y una nocividad indudable. Los « errores » no faltan, sus efectos secundarios se traducen en muertes, injusticias, destrucciones absolutamente indeseables y no deseadas. El uso de la fuerza Yang (militar) para la liberación de los rehenes de las guerrillas les hace correr un riesgo muy grande. Sus familias no se hacen ilusiones y, con frecuencia, se oponen totalmente. A menudo, la política Yang sólo puede ser, no lo olvidemos, una política hiper Yang, desequilibrada, excesiva, dado el exceso crónico de este polo de la energía. Henry de Montherlant decía: « No hay el poder, solo hay el abuso de poder, nada más. » Igualmente, no existe la fuerza, existe el abuso de la fuerza y nada más. El riesgo del abuso de la fuerza Yang, a pesar de todas las precauciones que se puedan tomar, a pesar de las barreras que se puedan instalar, es permanente. Y el abuso del poder es la realidad cotidiana del pueblo colombiano. El pueblo se vuelve en contra del poder.
Hay una relación inversa entre la brutalidad y la eficacia: entre más brutal es un sistema, menos eficaz es. Los seres fuertes, por el contrario, pueden y saben ser suaves, mientras que los seres débiles serán brutales. La brutalidad es un signo de debilidad. « La maldad es el éxito de los fracasados[1] ».
Los maestros en Artes Marciales también son guerreros. También utilizan armas. Pero sus golpes de espada son exactos. Sus golpes de espada son milimétricos, de una eficacia total y sin efectos secundarios. Podrían ser excelentes cirujanos. De ellos, no se puede decir que sean brutales, aunque sus golpes sean implacables. Pero su fuerza es patente. Su « secreto »: el equilibrio Yin/Yang. A través de todas sus prácticas, a través de su purificación, la de su técnica pero, sobre todo, de su personalidad, gracias a la práctica de la concentración y de la búsqueda del equilibrio, despertaron su fuerza Yin y transformaron su violencia en fuerza y su debilidad en suavidad. Tienen el respaldo del pueblo.
El despertar del Yin optimiza el Yang. El Yang es necesario, tanto como el Yin. Pregonar el despertar del Yin no significa renunciar a une política Yang, sino trabajar en su optimización. Entre los violentos, algunos se transformarán, algunos comprenderán y se someterán a algún plan de reconversión (el término conversión es particularmente conveniente). Pero no todos. Con certeza, no todos. No hay que soñar, no hay que ser ingenuo. Y, en este caso, el « tratamiento » de estos inconvertibles sólo puede ser Yang.
Agreguemos que una de las características de la guerra de guerrilla es la infiltración. La guerrilla se infiltra en la sociedad y, en determinados momentos, sin que se le haya visto llegar, asesta sus golpes fatales. Es un procedimiento Yin puesto al servicio de una causa hiper Yang. Le corresponde a las Fuerzas Armadas desarrollar también este modo de acción Yin (ya lo hacen; la Inteligencia, las investigaciones se basan en este trabajo subterráneo, invisible, en redes) si quieren poder infiltrar algún día la jungla (o la sociedad) para capturar o eliminar, por fin, las cabezas de la guerrilla.
El Plan Patriota (Yang) debe completarse, evidentemente, con un Plan Matriota (Yin) si se quiere que sea eficaz a menores costos. Y por costos, infortunadamente, hay que entender: muertes, sufrimientos, destrucciones, desolaciones, costos económicos, etc.
[1] Según Gustave Thibon, filósofo francés (1903-2001)
Llegamos ahora al nudo del problema. Después de numerosas páginas de teoría, nos encontramos con la práctica, al pie de la pared.
El tono y la orientación de la obra van a cambiar. Pasamos de un estudio global del funcionamiento de una sociedad, de una mirada macroscópica y exterior, al estudio detallado de los procedimientos individuales e interiores que permiten que cada uno participe en el tratamiento de su desequilibrio. El desequilibrio del conjunto es el desequilibrio de cada uno. Es la suma de todos los desequilibrios individuales. Algunos más pronunciados que otros, pero todos contribuyen de cierta manera a la situación general.
Es bueno que cada uno haga una pequeña observación de su propia vida. En la existencia de cada quien, si se quiere aceptar, se encontrará siempre un conjunto de restricciones, de dificultades, de sufrimientos que evocan este desequilibrio. Se encontrarán esos sufrimientos infligidos por un patrono abusivo, por un cónyuge de mal carácter, por una enfermedad, por un miembro de la familia que se entrega a la droga, o cualquier otra forma de coacción. Todos, de una manera u otra, estamos en « las garras de la Bestia ». Es el lado hiper Yang. Además, todos, aquí también, cada uno a su manera, sentimos insuficiencias, debilidades, frustraciones, decepciones o fracasos. A esto se agrega todo de lo que no somos conscientes, todas las carencias que ni siquiera notamos. Todos vivimos un déficit de Yin.
También, cada quien tiene buenas razones para buscar su equilibrio Yin-Yang. Cada quien tiene sus motivaciones personales y puede considerar las prácticas de vida interior que van a ser expuestas ahora para su propia transformación y la de su propia situación. Pero cada quién, al hacerlo, se encuentra también como actor de la transformación colectiva. El reequilibrio de Colombia es el de cada uno de los colombianos.
Este cambio de orientación de la obra tal vez impondrá un esfuerzo de adaptación para algunas personas. Si se tiene en cuenta el desafío, este esfuerzo está plenamente justificado.
Consideraremos sucesivamente los diferentes actores del tratamiento de la sociedad, después las tres actitudes que se encuentran con mayor frecuencia en este campo y, en fin, los métodos que permiten lograr el despertar de la energía Yin en cada uno y en todos. El tratamiento puede encontrar dificultades que nos esforzaremos por aclarar y resolver y obstáculos de los cuales estudiaremos la solución.
El paciente es Colombia, los actores del tratamiento serán, entonces, los colombianos y, como ya lo dijimos, sólo podrían ser ellos. Como son los colombianos y sólo ellos quienes pueden hacerlo, es evidentemente a ellos a quienes conviene aplicar el tratamiento. Es cierto que nadie más lo hará. Así, cada colombiano que haya tomado consciencia del problema, que esté de acuerdo con el diagnóstico y con todo el proceso precedente y que decida asumir su parte de responsabilidad en el tratamiento de la enfermedad de su país, se convertirá en un actor de un futuro nuevo, para él mismo, para los suyos y para todo el país. Por lo tanto, todos los voluntarios son bienvenidos a esta empresa colectiva. Cada uno puede ser un actor eficaz. Veremos más adelante que, al igual que la elaboración de un diagnóstico para la enfermedad de Colombia, así como la determinación de su etiología, eran operaciones relativamente simples y accesibles, las bases y la realización del tratamiento también son simples, comprensibles y abordables. El tratamiento, lo veremos poco a poco, puede entonces ser realizado por cualquier persona de buena voluntad. Y hay muchas en Colombia.
Claro está que es deseable que a esta obra se enganche el mayor número posible de obreros. El número de los participantes, todo el mundo lo sabe, no es un dato despreciable, por el contrario. Pero no nos podemos engañar, nunca hay en una sociedad, sobre todo desequilibrada, muchas personas que emprendan de un día para otro una actividad nueva con base en una comprensión nueva, ni siquiera con base en una necesidad, incluso vital. El realismo invita a considerar que entre más actores haya, mejor será, pero que si sólo hay pocos, ya es algo. También se puede esperar que el resto venga después. Claro está, si hay pocas personas para llevar la carga, el cambio no va a ser muy rápido, pero ya es algo. Claro está, nunca se está obligado a sanar. Incluso se puede morir de una enfermedad curable si uno no se trata, si uno no se toma los medicamentos. Es una elección: en el caso presente, una elección colectiva, por tanto, de cada uno.
Parece importante precisar que el tratamiento de la hemiplejía Yin de la cual sufre Colombia se refiere tanto a los colombianos como a las colombianas. No se podría imaginar que el despertar de la energía femenina sólo sería deseable en las mujeres. Lo es tanto, o incluso más, en los hombres. Una vez más, no se puede asimilar la energía, los valores y los comportamientos femeninos con el sexo femenino. Se encuentran en todos los sistemas vivos, y en el ser humano, independientemente del sexo físico.
En el tipo de trabajo en cuestión, la noción de calidad interviene en el punto más alto y debe tenerse en cuenta. La calidad, en una operación como ésta, puede servir para reemplazar la cantidad. La situación ideal es la calidad asociada a la cantidad; esta situación, según algunas intuiciones, bien podría ser o llegar a ser la de Colombia.
Entre los actores, hay una jerarquía de responsabilidades. Una sociedad normal se presenta en forma de pirámide. La responsabilidad social aumenta a medida en que se sube en esta jerarquía, el peso de las responsabilidades y el deber de servir también. Cada uno en su nivel debería asumir cierto tipo de responsabilidades, cada uno tiene un papel para desempeñar. Uno se complace en imaginar que todos los dirigentes serán responsables y se dedicarán de corazón a ser actores eficaces del tratamiento.
Los dirigentes y el pueblo tienen su papel respectivo en el tratamiento. Entre los dirigentes, se reserva un lugar aparte para el Presidente y, claro está, para su esposa. Pero otros responsables, en particular los responsables religiosos, tienen un papel primordial como actores del tratamiento. No estamos en una sociedad normal y ocurre con frecuencia que subalternos, por su evolución personal y su equilibrio, estén en capacidad de generar en una empresa más fuerza de reorganización que sus superiores jerárquicos, humanamente menos evolucionados.
Con frecuencia se piensa que el primer actor de la transformación de Colombia es su Presidente. Se espera mucho de él. En general, se funda mucha esperanza en su gestión. Y se exagera. Claro está, idealmente, el debería ser un modelo de este equilibrio que se busca para el país y ser así su « hombre-medicina ». Exigencias específicas se aplican a él. Debería ser un sabio, un Iniciado. « La acción del jefe: hacer girar para todos la rueda del Dharma, pero sin participar en su movimiento… El (el jefe) utiliza la alternancia del sabio y del guerrero. El trabajo interior es el soporte de la acción, el uno sirve al otro de prueba…Mientras que el brahman fija el horizonte para no perder su ruta, el guerrero lo cuida a la derecha, lo cuida a la izquierda. Con frecuencia el jefe visible es el guerrero, cuya eminencia gris es este brahmán. El hombre de estado de alta calificación, que observa que no tiene suficiente tiempo para dedicar a la meditación para que sea capaz de sostener su acción, puede, por ósmosis, asimilar el fruto de la meditación del iniciado retirado de la acción. Su infalibilidad está intacta »[1] .
El jefe está obligado a un trabajo interior. Los antiguos chinos, cuyas dinastías eran de una duración que nos parece ahora inimaginable, consideraban este trabajo interior como primordial. Etienne Perrot expresa así esta dimensión de la acción y del papel del verdadero dirigente: « El Yo actúa como el sol, por simple presencia. Su modo de acción es el wou-wei, la acción no-actuante de los antiguos chinos. Los emperadores míticos se contentaban con permanecer en sus palacios al ponerse de acuerdo con el curso de los astros y porque su ser se mantenía así en el orden -el Tao -, el orden reinaba de la misma manera en el imperio entero. Esta realidad «mística» se encuentra en el mundo de los animales. Las colonias de termitas se organizan alrededor de una reina que permanece inmóvil e inactiva, pero que lazos invisibles ligan a cada uno de sus sujetos.
El orden de la comunidad encuentra en ella su principio y su eje. Si se mata a la reina, se ve inmediatamente que el tumulto y el desorden se amparan de la colonia completa »[2]. El tumulto y el desorden que reinan en Colombia permiten pensar que los diferentes jefes que se han sucedido no han cumplido su función, no han sabido, no han podido o no han querido ser los actores del tratamiento. Probablemente no han comprendido la dimensión interior de su función y no han sabido darle la potencia que debería ser la suya.
Si se entiende por jefes no solamente a los Presidentes, sino a todos los dirigentes (y a las instituciones), a cualquier nivel, ya sean políticos, religiosos, sociales o económicos, se está forzado a observar que, globalmente, no han estado ni están todavía a la altura de la tarea que les incumbe. Sería una bendición para Colombia que sus dirigentes encontraran plenamente su papel específico de actores responsables en el tratamiento de su hemiplejía Yin.
El corazón es la parte más Yin del ser y la más interior, la que pone en relación con el Centro, con lo Esencial (que es invisible para los ojos), con lo fundamental, con lo sagrado, con lo complejo. Un Jefe de Estado necesita, entonces, un « gran corazón » que le permita gestionar la enorme complejidad de una sociedad humana a partir de la potencia de su energía femenina Yin perfectamente despierta. En Colombia, el Presidente, además de su actividad tradicional, debería ser uno de los promotores del Plan Matriota. A todas las obligaciones de un Presidente se agrega, entonces, la de obrar para el despertar de su fuerza Yin de transformación mediante un trabajo personal intensivo y una ayuda verdaderamente ilustrada. En ningún caso se podría concebir que el Presidente ejerza su función con un corazón alterado y, menos aún, si lo está por alguna « rabia ».
Y puesto que se evoca el corazón, en el mismo orden de ideas, es seguro que el Plan Matriota compromete particularmente a la Primera Dama de la Nación, la esposa del Presidente. Tradicionalmente se espera de ella que realice cierto número de funciones que generalmente giran alrededor de las actividades de tipo femenino. Se aprecia que la esposa del Presidente sea dinámica, abierta a las necesidades de la población, de contacto simple y caluroso. Más que cualquier otra mujer en el país, tendrá necesidad de una fuerza Yin importante y de un gran equilibrio si quiere cumplir con la tarea social que el país espera de ella.
Ahora, todos deberíamos tener conciencia de que toda sociedad es una pirámide, que el pueblo es la base de esta pirámide, su parte Yin. Tendría que estar muy claro que el futuro del pueblo tal vez está en las manos de sus dirigentes (la punta, la parte Yang), pero también lo está, en igual proporción o más, en sus propias manos. Que si la fuerza Yin del pueblo crece, entonces aparecen el equilibrio, el control ascendente, la fraternidad, la paz. Se puede sostener que el papel del pueblo en la reconfiguración de su propio destino es primero (porque es el Yin el que está sufriendo y que debe ser corregido) y que el rol del Presidente o del establecimiento viene en secundo lugar. El país tiene así el Presidente que se merece y puede decidir merecer y ofrecerse mejores o más equilibrados. Se debe agregar que la realidad colombiana es que, si bien sus autoridades legítimas no son perfectas, no son ellas, sin embargo, los actores principales del sufrimiento del pueblo sino sus « autoridades » ilegítimas, sus tiranos (guerrillas, paramilitares, corruptos, sistema económico predador, etc.). El balón está en el campo de La Bella, en el campo Yin, el del pueblo. Es por este motivo que a cada ciudadano le corresponde convertirse en un actor influyente de su despertar con, sin, o a pesar de sus dirigentes. Tiene este poder y no podrá delegarlo en nadie.
Al comienzo de este capítulo decíamos que los responsables del destino de Colombia sólo podían ser los colombianos mismos. Esto no es del todo exacto. Por ejemplo, los franceses que se conmueven tanto con la situación de los rehenes de la guerrilla y que observan que todas sus acciones han permanecido hasta el momento sin resultado, podrían reconsiderar su estrategia y en vez de lanzarse a pérdida contra la Bestia, es decir contra las guerrillas que cometen estas atrocidades, o más torpemente aún, contra las autoridades colombianas que no estarían dispuestas a un acuerdo humanitario, podrían convertirse, incluso a distancia, en actores inteligentes del despertar de La Bella, del despertar de las fuerzas Yin de transformación en Colombia. Se trataría de una ayuda eficaz, coherente, apreciada y que no haría correr ningún riesgo de injerencia o de interferencias en la política del país.
[1] MICHON Micheline. L’homme, cet ordinateur inspiré. Synthèse Editions, Paris, 1984, p 427.
[2] PERROT Etienne. La voie de la Transformation : d’après C.G. JUNG et l’ALCHIMIE. La Fontaine de Pierre, Paris, 1980, p 117.
El tratamiento de una sociedad enferma no es una empresa ordinaria. El reto es de una gran envergadura. El retorno al equilibrio de una sociedad es una revolución. Una revolución que sólo puede ser interior, pacífica y constructiva, pero revolución, de todas maneras. La transformación personal y la transformación colectiva son procesos muy exigentes. Para lograrlo, se necesita que los actores de este cambio estén en un estado de espíritu particular: se dan y cumplen una misión. Esto supone una actitud y aptitudes particulares, que vamos a describir en detalle.
Frente al desafío monumental que es la reorganización social de un país, frente a una tarea que parece tan difícil, incluso imposible y por lo menos gigantesca, se observan, en general, tres actitudes: la del egoísta, la del resignado y, por último, la del guerrero.